Torneo Apertura: la AFA priorizó los domingos para Boca y River en las primeras 12 fechas

Racing nunca jugará ese día y San Lorenzo e Independiente, una vez y de visitantes.

En un año mundialista, en el que los hinchas tachan días para que el 16 de junio se acerque en el tiempo y puedan ver el último primer partido en un Mundial de Lionel Messi con la Selección Argentina, el Torneo Apertura 2026 que comenzará exactamente en 14 días ya acumula quejas en la AFA porque parece estar diagramado con una doble lógica que excede largamente lo deportivo y no mira la realidad cotidiana de quienes sostienen el espectáculo: los socios.

Por un lado, con la necesidad de comprimir el calendario para que la competencia termine antes del inicio del Mundial de Estados Unidos, Canadá y México, a lo largo de las primeras 12 fechas, más de 15 encuentros se jugarán de lunes a viernes antes de las 20, es decir, en plena franja laboral, número que asciende al 59% si se contemplan todos los horarios de los días hábiles. Y, por el otro, se prioriza la grilla televisiva utilizando a los cinco grandes para repartir la programación, con Boca y River concentrando la mayor cantidad de partidos dominicales, el primero con siete (cuatro de ellos en la Bombonera)- y el otro con cinco, de los cuales tres serán en el Monumental.

Racing es el grande dueño del dato más llamativo del fixture, ya que junto a Banfield no jugarán nunca un domingoIndependiente San Lorenzo, por su parte, apenas lo harán una vez, aunque ambos de visitante (el 8 de febrero, contra Platense y Huracán, respectivamente).

Racing, sin domingos. El equipo de Gustavo Costas jugará los días de semana y los sábados en las primeras 12 fechas del Apertura.

Hay otro dato en contra que se les suma a los hinchas de la Academia: tras el debut del sábado 24 en La Plata contra Gimnasia, el primer partido como local será un día de semana y en horario laboral (miércoles 28 a las 18 frente a Rosario Central), situación que en la segunda fecha también vivirá Vélez (martes 27 a las 17.45 contra Talleres). Esa franja horaria dificulta la llegada de socios y abonados al estadio y refuerza la sensación de un torneo acelerado, condicionado por el calendario internacional y por la necesidad de completarlo antes de junio, pero que vuelve a colocar al hincha frente a una lógica que prioriza la continuidad del espectáculo televisivo por encima de la experiencia tradicional de ir a la cancha.

Hay dos partidos con “astersicos”: Argentinos-Lanús de la fecha 6 por la Recopa Sudamericana que juega el Granate y en la siguiente fecha, Aldosivi-Argentinos porque el Bicho juega el repechaje por la Copa Libertadores.

Ese apuro organizativo convive, además, con un clima institucional sensible, que funciona como telón de fondo del campeonato. Después de aquella coronación inesperada a Rosario Central el 20 de noviembre, la conducción del fútbol argentino quedó envuelta en una serie de investigaciones judiciales y denuncias públicas que tienen como principales señalados al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y a su tesorero, Pablo Toviggino, en un momento especialmente sensible para el fútbol argentino por su condición de campeón del mundo y por la proximidad del próximo Mundial.

Las causas, aún en etapa de investigación, incluyen presuntas irregularidades vinculadas a manejo de fondos, retención de aportes, contratos comerciales y posibles maniobras de lavado de dinero, con allanamientos y medidas ordenadas por la Justicia que alcanzaron a la sede de la AFA y a distintos actores del ecosistema del fútbol local.

Así, el Apertura 2026 se juega mucho más que en la cancha. En ese marco, el fixture también vuelve a poner bajo la lupa a la conducción del fútbol argentino. La reiteración de decisiones que priorizan la lógica televisiva, la falta de criterios claros y públicos para la asignación de días y horarios y un calendario comprimido que vuelve secundaria la experiencia del hincha refuerzan los cuestionamientos sobre la forma en que se toman las decisiones en la AFA.

En un contexto atravesado por tensiones internas, investigaciones judiciales y una creciente distancia entre dirigencia y público, el armado del torneo que antecede a la defensa del título de Argentina en la máxima cita del fútbol mundial aparece menos como una excepción impuesta por el año mundialista que como una confirmación de un modelo de gestión: uno en el que el negocio marca el pulso, la urgencia ordena el calendario y el hincha queda, una vez más, relegado a adaptarse.

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